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“Quien surgió primero fue el repentista. Los repentistas iban antes a las casas. El cordelista vino después de Leandro y otros, que escribían en el papel la misma poesía. El repentista llega aquí y comienza a cantar abarcando todo que tiene en esta sala, su nombre y de otro, las mujeres, los hombres, el moreno, el pequeño, el gordo. Él hace versos mofándose o elogiando a todo esa gente. El cordelista escribe con un objetivo, un enredo que dará un futuro para aquella historia. Es la misma literatura, la misma escritura, sólo que el repentista nació primero en el Nordeste. Paraíba es el lugar más fuerte de la poesía popular. Es muy difícil dar expresión a un grabado. Yo dibujo bien. Hay muchos grabadores que dibujan en el papel y pasan para la madera. Yo no. Agarro la madera, lijo, dibujo, sale medio torcido, ladeado, lavo la cuchilla, corto, imprimo y muestro. Si agrada, agradó. Si no agrada, fue sólo un juego.” J. Borges
Dos factores explican las condiciones para que a inicios del siglo XX surgiese en Juazeiro do Norte, estado de Ceará, las condiciones ideales para las primeras manifestaciones regulares del xilograbado. La llegada del tallador italiano Agostini para esculpir las puertas de la iglesia matriz trajo una técnica que llamó la atención por la nueva función estética para la madera. Una nueva leva de artesanos se formó en el arte de esculpir puertas, guardarropas y santos para atender la demanda de los romeros. Con el arte de los santeros y tipografías improvisadas Agostini enseñó también el tallado de matrices de madera para la impresión de títulos para el periódico del Padre Cícero y de rótulos de productos fabricados por la industria en el Valle de Cariri. Con estilos opuestos, los maestros Noza y Walderedo Gonçalves ganaron destaque como xilograbadores de la región. Noza, devoto, muy primitivista, producía figuras sin detalles. Walderedo, iniciado en el arte del xilograbado diez años después de Noza y crédulo en relación al Padre Cícero, fue considerado el más clásico de los grabadores populares. Producía ilustraciones con trazados finos y sombreados complejos. En los estados de Pernambuco, Ceará, Alagoas, Sergipe y Bahía surgieron pequeñas gráficas caseras, sin mercado de expresión. La democratización del proceso productivo de cordeles abrió espacio para el xilograbado y sus artistas.
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